Describir lo indescriptible es indispensable para no pensar lo impensable.

jueves, junio 29, 2006

Franz Ferdinand


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martes, junio 13, 2006

Demacraos...


Demacraos...
Originally uploaded by dpeletero.

En esta foto al menos se nos puede mirar un poquito. Por cierto, las motitas blancas que se ven en la imagen no es por falta de calidad, es el puto polvo que no estuvimos comiendo durante tres días. Fran una vez más dando muestras de su brillante mirada, jajaj, que no hemos conseguido verle los ojos en ninguna foto. Señor Alvarito, le hemos pillado con una vaso en la mano y riéndose, qué raro! Sergio otra vez, impecable, porque no le vistéis empujando en los conciertos, será cabrón!. Nosotros dos partiéndonos la p..., lo de siempre. Lo que pasa Jime que este Viña no hemos buscado nuestras pertenencias como lo hicimos en la feria.


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Una mañana...


Una mañana...
Originally uploaded by dpeletero.

Este momento nos marcó todo el Viña. Somo así de listos, nos levantamos el sábado por la mañana, nos pegamos la caminata al puebo y desayunamos allí, el resultado fue estar todo el día mataísimos. Por lo menos nos sirvió para hacernos esta foto que aunque no se lo crean, Nuri también estaba posando.


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¿Qué les huele mal?


¿Qué les huele mal?
Originally uploaded by dpeletero.

Esta es una foto de sospecha. Lo cierto es que nadie sabe que espíritu se apoderó de nuestros amigos, pero digno de cualquier programucho de Iker Jiménez. Álvaro es un espíritu que analiza olores, por lo que podemos ver esta vez no eran muy agradables. ¿Fran está a punto de estornudar o le ha invadido un espíritu?. Al parecerla única serena es Montse, pero no os perdáis de vista a Nuri, enseñando sus napias al mundo entero: y esto... ¿qué hay por aquí?.


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Ojos pipa


Ojos pipa
Originally uploaded by dpeletero.

Pero qué bonitos estamos en esta foto!!! Unos ojos que tenemos, o que no tenemos, porque vaya caretos. Nuri parece que intenta despertarnos, seguro que está otra vez con el "Asturias Patria querida...". Miradme con esa sudadera llena de manchas, si estoy que doy pena, que claro podrían eliminarme de la foto al estilo Guerra Fría.


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Todos


Todos
Originally uploaded by dpeletero.

Atención al Picasso que tienen ustedes enfrente. Analicemos la foto y descubriremos todo el arte que lleva dentro. Atentos al tupé de Alvarito, recién salido de los 70. Nuri intentando hacerse un hueco en la foto, parece que le está costando. Montse no aguanta más esa sonrisa falsa, yo creo que le están pisando. Fran: abre los ojos hombre!, ah, ten cuidado con el vaso, Píldora parece querer escupirlo. y ta chán! Sergio, está impecable, ¿cómo cojones lo habrá conseguido?


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Demasiado sol


Demasiado sol
Originally uploaded by dpeletero.

Pues sí, nos quemamos. Yo no puedo desperdiciar estas pocas oportunidades que me da un poco de sol y lo cojo todo para mí. Mirad nuestras caras. Este año volví a llevarme la sudadera de L&M, pero hay una gran diferencia: intenté ocultar la marca, al final siempre sale a flote.


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viernes, mayo 19, 2006

Escapismo mental

Esta vez voy a aprovechar mi espacio para informaros de una iniciativa que particularmente me ha llamado mucho la atención. Os remito la dirección de un blog que se llama "escapismo mental", una idea de dos pedagogas que trabajan en la cárcel de Valdemoro y que consiste en mantener un contacto con los reclusos. Os animo a que participéis en los temas de debate que allí se proponen. Esta es la dirección: http://blogs.ya.com/escapismomental/
Un saludo


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jueves, mayo 18, 2006

Del rollo al códice

DEL ROLLO AL CÓDICE




El formato del rollo de papiro fue útil a la humanidad durante tres largos milenios y durante uno a la cultura clásica puesto que poseía unas cualidades que le hacían superior a las tabletas de arcilla usadas por los mesopotámicos y por los pueblos influidos por ellos.




Pero el papiro tenía un gran inconveniente: la dificultad para encontrar un pasaje concreto. Otro de los problemas que presentaba este formato era su fragilidad, al desgarrarse fácilmente, la necesidad de utilizar las dos manos durante la lectura, el riesgo de que se embrollara y la precisión de ser enrollado de nuevo al terminar la lectura o para iniciarla. Además, su capacidad era limitada si se quería que fuera manejable.


Por ello la adopción, al final del Imperio Romano, de un nuevo formato de libro, el códice de pergamino, fue una medida muy útil para la humanidad ya que el códice garantizaba una más larga duración porque estaba protegido por la encuadernación, su almacenamiento era más fácil, lo mismo que su transporte por ser plano y tener menos volumen, ofrecía una capacidad seis veces superior (podía tener más páginas o columnas y admitía la escritura por las dos caras), resultaba más barato y manejable y en él se localizaba un pasaje con mayor rapidez.

Como los cambios en el libro tropiezan siempre con el peso de la tradición, el cambio de formato, dado el prestigio de que gozaba el rollo de papiro, debió de estar motivado en unas circunstancias poderosas. Parece que el cambio principalmente se debió a la nueva mentalidad y al imperio de nuevos valores que trajo el cristianismo al mundo romano. Se entiende que es clara la prueba de la adopción del códice por los cristianos el que en sus propios textos más antiguos encontrados prevalezcan destacadamente los códices, y el que durante algún tiempo tan raros fueron los rollos con textos cristianos como los códices con escritos literarios profanos. A partir del siglo III, el códice terminó imponiéndose, incluso para los textos literarios, quedando el rollo de papiro, al final del imperio, para documentos diplomáticos y honoríficos por ser grande el peso de la tradición en los documentos rituales y formales.



Los cristianos descubrieron sus ventajas cuando observaron su mayor capacidad, que permitió reunir series de escritos útiles para las comunidades, porque en las reuniones era fácil localizar los textos que convenía leer a la audiencia; porque las citas tenían que comprobarse para tener la seguridad de su corrección, pues un error podía suponer peligro para la salvación del alma; porque estos valiosos textos se podían llevar en los viajes de apostolado y también porque se podían esconder con facilidad durante las persecuciones, que no faltaron. Por su prolongada duración resultaban baratos a la larga a personas pobres para las cuales era cara la reposición de los ejemplares maltratados por el uso.

Así los cristianos iniciaron su primera literatura con tabletas de cera o pugillares. Hay que tener en cuenta que en la literatura cristiana tuvieron mucha importancia las cartas o epístolas, en las que se aclaraban puntos de la fe y se daban consejos a correligionarios y comunidades. También los discursos o sermones, cuyo contenido doctrinal mereció tal consideración que se circulaban por escrito, normalmente después de haber sido corregido por el propio autor el texto tomado por el taquígrafo. Al desaparecer la esclavitud, la tarea del amanuense fue ejercido por hombres libres que podían vivir dignamente de su trabajo especializado.

Aunque los cristianos también utilizaron el papiro, no cabe duda de que el pueblo cristiano conservó los escritos más importantes, como conservaba la literatura ritual y evangélica, en códices de piel por las ventajas que el nuevo formato ofrecía para su consulta y conservación.

Fuera del mundo cristiano algunos sectores culturales se decidieron poco a poco por la sustitución del rollo por el códice para consignar sus escritos. Quizá siguieron a los cristianos, en primer lugar, los profesionales del derecho, pues el códice resultaba muy conveniente para las recopilaciones de disposiciones imperiales que eran rápidamente localizables. Precisamente la recopilación legal ordenada por el emperador Justiniano fue llamada el Código, el códice por antonomasia. También lo era para los libros de estudio por su capacidad y resistencia y fue adoptado pronto para las obras de medicina, que eran objeto de muchas consultas. Igualmente para largas narraciones en prosa, como las obras de Tucídides y Jenofonte, o para un conjunto de tragedias o comedias, o para antologías. La localización de los pasajes se vio favorecida porque pronto se generalizó la formación de índices de contenido.





Parece como si a finales del siglo IV existiera el presentimiento de la próxima desaparición de la cultura clásica y una premonición de que en los tiempos posteriores iba a resultar difícil la preservación de los libros que contenían sus mejores logros. Esto justificaría el gran interés desatado en el traslado a códices de piel el contenido de los rollos de papiro y en la cuidadosa revisión de los textos, como puede observarse por las abundantes suscripciones, que si a veces se limitan a poner el nombre del revisor, otras añaden la fecha, el lugar y algunas circunstancias. También en la producción de obras escogidas de los dramaturgos atenienses y en la compilación de epítomes, antologías, que los latinos tradujeron por florilegios.

No sabemos cuándo se dio el salto de las tabletas individuales, sujetas por anillas, cuerdas o correas, a la forma más avanzada del códice integrado por pliegos que se consiguen doblando las hojas de papiro y las pieles. La hoja de papiro admitía sólo un doblez, mientras que la piel, cuando la superficie era mayor, podía ser doblada más veces. Es decir, una sola piel podía dar 4, 8 ó 16 páginas, y una hoja de papiro únicamente 4.

Doblando las hojas de papiro por el centro se forman pliegos llamados uniones de 4 páginas. De dos hojas superpuestas y dobladas al centro se conseguían biniones con 8 páginas, forma muy poco usada. Con 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 hojas superpuestas y dobladas se obtenían pliegos llamados, respectivamente, terniones, cuaterniones, quiniones, seniones, septeniones, octoniones y noniones con 12, 16, 20, 24, 28, 32 y 36 páginas. Cuando un códice tenía pocas páginas se utilizaba un solo pliego, pero cuando el número era elevado se juntaban varios, normalmente de cuaterniones, terniones o quiniones superpuestos y cosidos por un lado, por el lomo.

El códice da lugar a la aparición de una nueva técnica libraria, la de la encuadernación, reunión de varios cuadernos mediante su cosido (y de ahí el nombre de arte ligatoria, que también se le da aunque en medios cultos) para formar un volumen, una sola pieza, dotada de unas tapas protectores, generalmente de una materia fuerte, el propio cuero, o, cuando el número de páginas era elevado y el grosor suficiente, madera, que se forraba de cuero.

El códice no trajo un cambio en la letra, aunque así se pensara en algunos momentos, porque su consolidación coincidió con la generalización de la letra uncial. En cambio, impuso la columna más ancha, con más letras hasta terminar teniendo cada página una columna sola.


Por otro lado, el códice trajo una preocupación para el escriba: el cálculo de la extensión del texto, antes de escribir, sobre las hojas después de dobladas, pero aún sueltas, para no confundirse en la paginación y para que no quedaran al final hojas o páginas en blanco. En el rollo no existía este problema. El escriba llenaba las columnas o páginas en orden correlativo, y si al final le faltaba papel, pegaba unas páginas o empleaba otro rollo; si le sobraba, cortaba la parte que iba a quedar en blanco. En efecto, la primera hoja de un pliego lleva las dos primeras páginas y las dos últimas. Así, si se trata de una sola hoja, la paginación será 1-2-3-4, pero si se trata de 4 hojas, la numeración de las páginas de la primera hoja será 1-2-15-16. El orden de la numeración variará también si el códice está constituido por un solo pliego, resultado de poner encima varias hojas y luego doblarlas por el centro, o por varios pliegos superpuestos.

Aunque parecía natural que los escribas, para evitar errores, numeraran previamente las páginas, no debió de ser así, pues no han quedado en los códices llegados a nosotros ningún rastro de esta numeración. En cambio, pronto se generalizó la costumbre de numerarlas una vez terminadas y encuadernadas las obras, quizá para la pronta localización de ciertos pasajes. Pero, antes de la encuadernación, hacían unas señales indicando el comienzo de los pliegos y también, en cada página, el número de líneas que contenía. En los rollos estas indicaciones esticométricas llevaban una numeración correlativa.

Así como en la elección del códice en vez de rollo es clara la influencia cristiana, no ha sido posible averiguar si fue antes el códice de piel que el de papiro. Puede ser que a los cristianos les resultara indiferente la materia y que el triunfo final de la piel se debiera a su mayor duración. Además, los códices de muchas páginas tenían que ser de piel porque el papiro se rompía con facilidad por el cosido. Por ello, ya desde el sigo IV hay una tendencia a rechazar los viejos rollos de papiro en códices de pergamino, lo que no obsta para que los rollos de papiro siguieran usándose algunos siglos más tarde, pero son más excepción que regla.

Lo cierto es que el códice de piel duró un largo milenio porque se adaptaba bien a las características de la cultura medieval, escasamente creadora. Sus hombres vivían en el respeto y la admiración del contenido de libro antiguo, en el que estaban los mandamientos de la divinidad para la salvación eterna o las experiencias acumuladas por las generaciones anteriores o las normas establecidas por el poder humano. Pero con frecuencia se convirtió en objeto de lujo para complacencia de reyes y príncipes seculares y eclesiásticos, bellamente ilustrado y ricamente encuadernado, y cuando la piel empezó a ser desplazada por el papel en la Baja Edad Media para atender a la creciente demanda de libros, y cuando el amanuense se iba retirando para dar paso al tipógrafo, en códices de pergamino se confeccionaron los más bellos ejemplares de libros que jamás han existido.

EL CÓDICE



Se denomina códice al conjunto de hojas rectangulares de pergamino o de papiro (o alternando ambos materiales) que se doblan formando cuadernillos para escribir sobre ellos. Dichos cuadernillos, al unirse por medio de la costura, llegan a constituir el códice completo. Los de papiro fueron siempre menos comunes y necesitaban reforzarse por el dorso para evitar su fácil ruptura. Los cuadernillos se denominaban por los romanos duerniones, terniones, cuaterniones o quinterniones según el número de hojas contenidas antes de doblarlas. Como lo regular es que se formaran cuatro (ocho dobladas) ha quedado el nombre de cuadernos (quaterni) para designar los ejemplares pequeños aunque dispongan hoy de mayor número de páginas.

Los códices de pergamino se escribían con frecuencia por ambas caras de sus hojas (opistógrafas). No así los de papiro que por lo regular sólo se escribían en una de sus caras y que por lo mismo se llamaban anapistógrafos. Los ejemplares más lujosos de pergamino se teñían de amarillo o de púrpura.

Difieren notablemente de las normas descritas los códices americanos de procedencia indígena también llamados códices aunque impropiamente. Éstos se componen de hojas de piel o de lienzo o de papel ágave (hecho de la epidermis de la planta de ágave o pita) recubiertas con una sustancia calcárea y blanquecina, no dispuestas a manera de libro sino pegadas entre sí de modo que el conjunto se pliega como un lienzo o un mapa. Se divide en dos grupos:

1) Mexicanos, hechos de piel o de lienzo y correspondientes al territorio mexicano.

2) Mayas, fabricados en papel ágave y procedentes de Yucatán y América Central.
Ambos tipos suelen contener miniaturas o dibujos en el centro de las hojas y escritura jeroglífica en los lados. También los hay posteriores a la conquista española que se distinguen por una mayor perfección en el dibujo.

LOS SOPORTES DE LA ESCRITURA

EL PERGAMINO



Al rey de Pérgamo se le atribuye el mérito de haber convertido en uso público la utilización del pergamino como un soporte de escritura. Aunque ya desde tiempos más antiguos se había utilizado otros modos de escritura, como son el cuero, la piel de animal, ésta última muy utilizada por los persas, los judíos y los asirios. Aunque en el siglo III a de C, comenzó un tratamiento del cuero de forma que se adaptase a las necesidades de la escritura. Por lo tanto el pergamino es un papel de piel animal convertido en hojas aplanadas y lisas que permitían su utilización óptima como material de escritura.

Para su utilización los pergaminos se purgaban introduciéndolos durante días en cal y se afeitaba por las dos partes para eliminar la grasa y quitar las manchas. Después se pulía con piedras pómez para alisarlo y se reducía al tamaño deseado. El pergamino destinado a los códices era más fino y pulido, puesto que se utilizaba por los dos lados, mientras que el de los documentos se pulía sólo por un lado. Los romanos acostumbraban a teñir los pergaminos de amarillo o rojo. Para los códices de lujo se utilizó el color púrpura, con escritura de oro y plata, el más famoso fue el Codex argenteus, también llamado de Úlfila, porque representaba los Evangelios traducidos a lengua gótica por el obispo de Úlfila, escritos con letras de plata de forma uncial.

El tinte más utilizado para el pergamino en la época humanística fue la púrpura. En la Alta Edad Media se reutilizaban los pergaminos ya escritos para nuevos códices. Así se borraba la escritura sumergiéndolos en leche y restregándolos con piedra pómez son los llamados “palimpsestos”. También se borraban textos profanos y sagrados, que a menudo estaban mutilados o fuera de uso por antigüedad. Más tarde se comenzó a utilizar el pergamino solamente para las actas de ciertas autoridades, como Papas o altos funcionarios.

EL PAPEL



Tuvo su origen en oriente, el descubrimiento se atribuya a China, y en concreto al jefe de los talleres imperiales Ts´ai Lun, que al principio del siglo II a de C. tuvo la idea de fabricar una especie de pasta delgada sacada de la corteza de la morena, del cáñamo y de material desecho de tela o seda. Para fabricar papel de lujo se utilizaban trapos de cáñamo, algodón y lino.

LA FORMA Y LA COMPOSICIÓN

A partir del siglo IV, al prevalecer definitivamente el pergamino sobre el papiro, el codex sustituyó así al volumen y desde entonces ha constituido la forma habitual de libro.

Las dimensiones de un códice, es decir el formato en la Edad Media se llamaba forma, los códices se componían de cuadernos y éstos se subdividían en hojas, papel y páginas. Por el “cuaderno” se entendía un fascículo de hojas cosidas en un solo manojo. Por “folio” era la hoja doblada en dos y consistente en cuatro carillas. Por “página”, la mitad de una hoja, es decir una carilla.

El códice medieval no tenía una página dedicada al título, al principio de la obra había una frase de inicio, en la cual no se nombraba al autor, algunos llevaban la frase de inicio en una página escrita con tintas de color y acompañado por motivos geométricos y arquitectónicos, las indicaciones del autor se ponían al final de la obra.

Cuando el escriba había acabado su trabajo empezaba el del rubricador, que escribía en tinta roja una lista de títulos de los capítulos y adornaba letras iniciales de las frases con un trazo vertical. En cambio para asegurar la regularidad de la escritura y la armonía de la página se trazaban en el pergamino líneas horizontales y se delineaban los márgenes con dos líneas verticales en seco con una punta de metal.

Al final del siglo XII se empleó también tinta negra para trazar líneas, dado que el número de cuadernos que componían un manuscrito podía ser una fuente de desorden, los copistas procedieron a numerar los cuadernos en la última página. El procedimiento se conoce como “signatura”.

LOS INSTRUMENTOS PARA ESCRIBIR

TINTAS

El recipiente para la tinta se llamó “scriptorium”, la tinta estaba compuesta por diferentes ingredientes, en la Edad Media entraron a formar parte de la composición de la tinta elementos como agalla de encina, cerveza y vinagre, En la época carolingia se empezaron a utilizar tintas con matices rojizos. Para la escritura en general la tinta negra es la que se utiliza más a menudo. A partir del siglo XII, además del rojo se utilizó para las iniciales el azul y el verde. El verde se usó en documentos orientales. La escritura en oro y plata sobre fondo púrpura es de origen bizantino. Al siglo IX pertenecen otros códices áureos y plateados. En la época carolingia se hicieron varios manuscritos en pergamino teñido en negro, con los títulos, las iniciales y el nombre de Dios en oro y plata.





PLUMAS

En las tablillas de madera se empleaban indistintamente la pluma o el pincel, las tablillas enceradas se escribieron con el “stilus”, una astilla de hueso, de hierro, plata o marfil, con una parte en punta para incidir los caracteres y la otra con una especie de espátula que servía, alisando la cera, para borrar. La utilización de la pluma debió ser muy antigua se habla ya de ella en la Biblia, con pluma de hierro se escribía sobre los muros, terracotas blandas hasta sobre metales.

Para las escrituras con tinta se empleaba el cáñamo o caña de junco, hasta que fue sustituido por la pluma de ave, especialmente de oca. Para sacar punta los cáñamos y plumas se utilizaba un cuchillo. El pincel se utilizó más raramente y se usó sobre todo para la escritura en oro y para los códices. El "lápiz" fue adoptado cuando se descubrieron los yacimientos de grafito, llamado plombagina, pero el lápiz sólo fue de uso común a partir del año 1700.

LA DECORACIÓN Y LA ILUSTRACIÓN

La importancia que tuvo el libro ilustrado fue tal que sirvió como fuente de inspiración para otros sectores artísticos como tapices, esculturas, vidrieras. Los artistas que se dedicaron a la decoración del libro demostraron el peso que la miniatura tuvo en el lenguaje artístico y su papel en el lenguaje de la escritura.

TÉCNICAS Y PROCEDIMIENTOS

El término “miniar” significa colorear en rojo, deriva de la palabra “minium”, con el que en la Edad Media se solía llamar al “cinabrio” (sulfuro de mercurio de color rojo vivo que se encuentra en abundancia en la naturaleza como mineral de mercurio).

Para poder escribir o miniar sobre pergaminos blancos o coloreados, con anterioridad se trataban antes del uso para que fuera más fácil la aplicación de tintas y colores. El esbozo del dibujo se hacía con un lápiz de plomo. Para poder borrar se utilizaba la miga de pan, quitando los residuos con algodón. Otros utensilios eran la escuadra, la regla y los tinteros con tinta negra y roja.

Para aclarar los líquidos o separar los colores de las soluciones depurativas se colaban en un filtro cónico. Los morteros para hacer mezclas eran el mármol calcáceo. Para ligar colores se utilizaba la gama arábiga y la clara de huevo. La conservación de estas soluciones se aseguraba añadiendo algún aséptico como el alcanfor, clavos de clavel, vinagre o jugo de ajo. Cada color utilizado para las miniaturas en la Edad Media tuvo características diferentes. Hasta los siglos XII y XIII se dibujaba con lapislázuli molido y lavado. Después se hicieron purificaciones consistentes en empastar el polvo mineral con ceras, aceites y resinas hasta conseguir una pasta maleable.

Una vez acabado el trabajo del calígrafo, el miniador dibujaba sobre los pergaminos el esbozo de las figuras y ornamentos con el “lápiz de plomo”, trazando también las líneas de los pliegues de los vestidos y los límites de las zonas de sombra y de luz. Una vez acabado el esbozo, y si se había previsto su uso, se extendía el mordente se aplicaba una película dorada, procedimiento que se llamaba “doratura”. Una vez terminado el trabajo, el ilustrador daba un último barniz con goma arábiga y clara de huevo.

La miniatura tuvo su apogeo en el siglo XV. La aparición del libro impreso significó el final de la utilización de la miniatura para códices.

LA ENCUADERNACIÓN

En el siglo I a de C. los cuadernos que contenían varias hojas de papiro o pergamino se insertaban entre dos tablas de madera o de hojas de papiro encoladas entre sí. En Occidente, las encuadernaciones más antiguas que se conservan se remontan al siglo VII, en ellas los pliegos van cosidos mediante el procedimiento de doble nervadura y se unían a la cubierta más tarde. Las dos tapas se sujetaron después al cosido. Una vez fijadas las tapas a los pliegos, la encuadernación podía revestirse de diferentes formas.

Los textos sagrados se decoraban con oro, piedras preciosas, esmaltes y marfil. Los libros se colocaban horizontalmente sobre las estanterías por lo que los títulos se escribían en el canto del libro.

LA PRODUCCIÓN Y EL COMERCIO

Los primeros comerciantes de libros fueron los copistas, que reunieron en una sola persona el oficio de escriba y vendedor. Gracias a las universidades renació en Europa un auténtico comercio de libros, si bien con carácter especial, dado que estaba dedicado a la enseñanza.

La ganancia derivada de la copia de una obra correspondía en parte al propietario de ésta que por una cierta cantidad la prestaba a los copistas. Este préstamo se efectuaba por medio de una especie de intermediarios llamados “stationari”. Su nombre derivado de “statio” que en Roma era la tienda en la que se vendían los libros.


DEL CÓDICE AL LIBRO IMPRESO



El destino del códice fue brillante. Tuvo una importancia determinante para el conocimiento y la versión exacta de hechos históricos u obras literarias. Al hacer posible la producción en serie de textos, ocasionó en el lector una nueva forma de pensar e incluso de ser. Muy pronto se dieron cuenta del efecto revolucionario de la imprenta que, al hacer más accesibles los textos, se convirtió en un mecanismo difusor de cultura infinitamente más potente que el manuscrito.

A China se le atribuye el descubrimiento de la imprenta que deriva de la técnica del sello grabado o en relieve. Las primeras pruebas de imprenta con tipos móviles efectuados en Europa y conocidos por nosotros datan de mediados de siglo XV.

En 1970, George Painter decidió asignarlas todas al tipógrafo Guttemberg, que parecía ser el único capaz de grabar y fundir los cuatro tipos de caracteres. Guttemberg prefirió un carácter menor y menos aparatoso, que se utilizó para la edición de la Biblia de 42 líneas, impresa en Maguncia en 1455. Fue el primer gran libro impreso en el mundo Occidental con caracteres móviles. Impresa a dos columnas en dos volúmenes de folio.

El arte de la impresión se difundió rápidamente, además de muchas ciudades alemanas llegó también a Italia en 1475. A finales del siglo XV existían imprentas funcionando en 250 ciudades europeas. Pero Venecia fue la ciudad que alcanzó un nivel superior al resto de ciudades.

BIZANCIO

En el año 330 d.C. Constantino, emperador romano, decidió establecer la capital del Imperio en una pequeña y antigua ciudad griega, Bizancio, situada en el Bósforo, al extremo de Europa y en frente de Asia Menor, de la que sólo estaba separada por un estrecho canal, y que fue bautizada con el nombre de Constantinopla en honor del emperador. Esta fecha y este hecho pueden considerarse el inicio de la Edad Media, pues el cambio del paganismo al cristianismo justifica una división histórica.

Bizancio que es el nombre dado al estado continuación de la parte oriental del Imperio romano, sobrevivió a pesar de que en Asia tuvo que defenderse continuamente del peligro de persas primero y musulmanes después, y en Europa de pueblos bárbaros.

El tipo de libro corriente en la civilización bizantina fue el códice de piel, que como hemos visto, se impuso precisamente coincidiendo con la fundación de Constantinopla y, por consiguiente, con el nacimiento del imperio bizantino. Lentamente fue desapareciendo el papiro y lentamente entró el papel, difundido entre los vecinos musulmanes pero cuya utilización se demoró lo mismo que en los reinos occidentales. También poco a poco se fue retirando la forma de rollo, que se continuó usando cada vez en menor escala. De todas maneras, el material escritorio, especialmente la piel, que fue el más usado, resultó escasa. Es una de las razones del elevadísimo precio que alcanzaban los libros y de la escasa existencia de comerciantes de libros nuevos. Además el códice permitió a los escribas utilizar una mesa o pupitre, es decir, con el tablero inclinado, para escribir en vez de poner la piel o el papiro, como se venía haciendo desde los primeros tiempos, sobre las rodillas. Así pudieron copiar cuidadosamente, sin prisa, los originales. Todas estas circunstancias hicieron de Bizancio la capital de la producción escrita.

La letra utilizada en los códices durante los primeros tiempos continuó siendo la uncial, pero en el siglo VIII se impuso un nuevo tipo, denominado minúscula, quedando la uncial reservada para documentos solemnes, libros de la biblioteca imperial, textos litúrgicos y libros destinados a la lectura en público y en voz alta. La minúscula, por ser las letras de menor tamaño e ir unidas, así como por utilizar frecuentas abreviaturas, es una escritura compacta, que ocupa menos espacio y que se escribía con más facilidad y rapidez porque no había que dibujar cada una de las letras por separado, como en la uncial. Para evitar la falta de claridad se separaban las palabras. Este cambio de letra, que permitía hacer copias rápidas y baratas, salvó a muchos libros antiguos del olvido y de la desaparición, pero condenó a otros, por los que no sintieron predilección los bizantinos a la pérdida. Fue, pues, este cambio de letra, como un tercer filtro que tuvo que atravesar el libro antiguo, después de la selección o cano de los alejandrinos y del paso del rollo al códice.

La encuadernación bizantina influyó en la de Europa occidental y dio lugar a un estilo denominado bizantino o la griega. Se caracterizaba porque las tapas eran de las mismas dimensiones que el cuerpo del manuscrito, es decir, sin cejas sobresalientes, mientras que el lomo, que era liso, se prolongaba por arriba y por abajo. Las tablas de las tapas iban forradas con cuero, en las lujosas con piel de cabra (marroquín), seda o brocado. En la contratapa se colocaban unos bullones protectores (clavos o botones) de plomo, latón o plata. El volumen se cerraba con uno o varios broches. Era frecuente que se consignara en el corte inferior el título de la obra.

La encuadernación de los manuscritos lujos se adornaba con esmaltes, metales y piedras preciosas, mientras que la de los normales llevaba la decoración gofrada, conseguida con hierros fríos o calientes sobre la piel humedecida, cuyos motivos suelen aparecer en relieve.

En cuanto a la ilustración se podía hacer, en hojas aparte, fuera de los scriptora donde se caligrafiaban, y en un solo libro podían intervenir varios artistas, cuyos nombres constan a veces. La más simple consistía en líneas o viñetas utilizadas para señalar la separación entre dos capítulos. Como en el Occidente europeo, se decoraron las iniciales con motivos vegetales y zoomorfos, incluso con figuras humanas.

Se ilustraron fundamentalmente libros religiosos, que eran los más abundantes: evangeliarios, leccionarios, menologios o santorales y homilías de los Padres de la Iglesia. Las obras clásicas lo fueron en los primeros tiempos y buen ejemplo de ello es el códice de la Iliada, conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y el de Dioscórides, que se guarda en la Nacional de Viena, ambos de comienzos del siglo VI, aunque no faltaron obras científicas ilustradas en todos los tiempos. Algunos libros sin pretensiones lujosas se adornaban simplemente con el retrato del autor.


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martes, mayo 16, 2006

Los delinqüentes en Talavera


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cajas de carton


cajas de carton
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Un homenaje a las ferias no podía pasar por alto las cajas de cartón, esas grandes compañeras y amigas. Mirad todas las que hay! Podemos inventar millones de disfraces, volver a jugar a Humor Amarillo o incluso el mismísimo Ramón García nos contabilizará los puntos en las pruebas del Grand Prix. Por todo ello vivan las cajas, aunque sean como salvavidas. Jaja


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Talavera nevada

Aquí os dejo un vídeo para que rememoremos aquel maravilloso día en que nevó, y las risas que nos echamos. Claro que el vídeo es de fabricación casera y el autor no soy yo, porque como habréis comprobado parece un montaje de comunión, con ello quiero decir que la idea de introducir musiquita a modo de videoclip tampoco es mía.


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Talavera nevada


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jueves, mayo 11, 2006

Humor amarillo


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Ojos de brujo


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Chambao en el viña


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Canteca en el Viña


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Ovnis en el viña


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sábado, abril 22, 2006

Nos vamos de viaje


Nos vamos de viaje
Originally uploaded by dpeletero.

Las llanuras de La Mancha, cinco horas de viaje, una hora para entrar, dos para acampar, tres para llegar a los escenarios, pérdidas garantizadas, polvo, resacas, un sin fín de gente y a dormir sin una mínima tela que nos arrope. Bienvenidos!!! Nos vamos al Viña!!!


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